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Cargar el iPad es increíblemente barato. ¿Podemos cuantificarlo? ¿Compararlo con alguna cosa para tener una idea gráfica? Según Associated Press, el café que ahora mismo está entre nosotros y el monitor es más caro que toda la electricidad necesaria para mantener funcionando nuestro iPad, descarga tras descarga, durante un año completo.
El valor numérico andaría por los $1.36 anual, según -cita- el Electric Power research Institute (EPRI), que es un grupo sin ánimo de lucro para la investigación y el desarrollo, fundado por entidades de generación de energía para obtener información con valor estratégico. ¡Este coste sería considerado barato en casi todos los sitios donde nos leen!
Algunos de los equipos que ya por mucho tiempo hemos añadido a nuestro ecosistema hogareño gastan considerablemente más. Un bombillo fluorescente, una media de $1.61, un ordenador de sobremesa, hasta 28.21 y un frigorífico unos estratosféricos $65.72, todos estos valores calculados para un año.
El estudio hecho por este grupo de investigación tuvo como base la necesidad de conocer el posible impacto potencial que el nuevo dispositivo de Apple, cuyas ventas son cada vez mayores, podría tener sobre el comportamiento global del consumo de energía.
Mucho se ha hablado hasta ahora acerca del impacto positivo de los dispositivos móviles en la base de una reconversión de los modelos de desarrollo, es decir, como fundamento técnico de un desarrollo más sustentable. Los que tenemos un iPad y seguimos el flujo informativo del sector tecnológico sabemos no sólo que el equipo tiene muchas funcionalidades actualmente sino que la industria está trabajando para otorgarle un protagonismo mayor como centro de un ecosistema de consumo-producción de información que cada vez es más flexible, integrado y móvil.
Con un dispositivo con el concepto general del actual iPad integrado a otros de similar comportamiento en el consumo de energía podríamos experimentar una verdadera revolución a largo plazo en la disminución de electricidad global consumida. Es posible que a corto plazo, mientras exista una convivencia entre los nuevos dispositivos móviles y los tradicionales dentro de un mismo entorno familiar o empresarial, se note un incremento del consumo y por ende se vea la necesidad de producir más como respuesta al incremento de la demanda, pero creemos que a largo plazo, con la evolución de nuestra manera de conectarnos, le haríamos un gran favor a nuestro exhausto planeta y a nuestro (posiblemente ya comprometido) futuro.
Así mismo creemos que con el aumento de la potencia de conexión y el aumento de las variables en la manera en que nos relacionamos con los demás, con nuestra oficina, con respecto a la coordinación… en la comunicación en general, también cambiarán nuestros hábitos, lo que podría hacer descender la demanda de vehículos particulares de transportación [por ejemplo], haciendo bajar la intensidad de las emisiones y la disminución gradual y asumible del número de coches simultáneamente en tráfico por causas económicas y comerciales.
También consultar: ¿El tiempo conectados afecta nuestras relaciones en la vida real?
En fin, confiamos en que la curva de consecuencias medioambientales de las estructuras industriales, sociales y urbanas se comporte positivamente por la acción y efecto directo de las nuevas tecnologías y la nueva socialidad derivada.
¿Creen que la sustitución de dispositivos móviles de bajo consumo por los equipos tradicionales de más coste eléctrico y la mejora de la eficacia y potencia de las comunicaciones tendrán un impacto positivo sobre el medio ambiente?
Esperamos vuestras opiniones.
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